es uno de los grandes misterios de la arqueología. Pero ese misterio adquiere una dimensión más profunda cuando nos es narado por el Dr. Jiménez del Oso. Fernando Jiménez del Oso.
Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO el año 1995,
En los mapas hay un punto que la sitúa: se trata de una simple alusión, porque guardando las proporciones debidas ni a punto llegaría. Está en el Océano Pacífico, a 27º 8' y 6'' de latitud Sur y 109º 54'' de longitud Oeste. 3.518 kilómetros la separan del punto más cercano al continente americano y 2.037 de Picairn, la isla más próxima de la Polinesia. Cierto que mucho más cerca, a pocos centenares de kilómetros, está la isla de Sala y Gómez, pero se trata de un islote volcánico que siempre estuvo deshabitado. Pascua está lejos de cualquier parte y como lugar carece de atractivo: en su forma triangular la distancia más larga no llega a los veinticinco kilómetros y el relieve se reduce a tres viejos volcanes cuyos cráteres cambiaron la lava por agua verde y mansa; el resto es un terreno pobre formado por escoria y polvo volcánico cuya capa fértil apenas alcanza los cincuenta centímetros de profundidad; nunca fue tierra de grandes árboles o pródigas cosechas. Es una isla pobre en recursos y, aún más por serio, sobrada de misterios.
Datos para una historia
Allá por el 1686, el pirata Davis pasó cerca; aunque no desembarcó en ella, señaló su posición, y como Isla de Davis se la conoció durante mucho tiempo. El siempre gozoso privilegio de ser hollada por pies europeos no lo alcanzó hasta 1722. Ese año, el neerlandés Jacobo Roggeveen (1659- 1729), que iba rumbo a Nueva Guinea con tres barcos bajo su mando, decidió que era ya momento de incorporar la isla a la lista de tierras conocidas. Era el día 6 de abril, Pascua de Resurrección, por eso la bautizó como Isla de Pascua.. Desde el punto de vista geográfico o antropológico no fue una visita digna de mención, el territorio apenas fue explorado y no se levantaron mapas, pero debió ser un acontecimiento recordado por los isleños durante mucho tiempo, ya que una docena de ellos fueron muertos por disparos de mosquete. Afortunadamente, cuando se produjo la segunda llegada de barcos europeos ya habían transcurrido cuarenta y ocho años y no debían quedar testigos del primer encuentro. En esta ocasión el visitante fue un español, Felipe González de Haedo, natural de Santoña (Santander) y uno de los más ilustres marinos que dio la Armada. Llegó con el navío San Lorenzo y la fragata Santa Rosalía el día 20 de noviembre de 1770 y tomó posesión de la isla en nombre de Su Majestad Carlos lII rebautizándola con el nombre de Isla de San Carlos.
Aparte de lo que en sí mismo tiene de agresivo apropiarse de algo que legítimamente pertenece a otro -y me refiero, claro está, a los habitantes de la isla y no a los neerlandeses-, no hubo maltrato para los pascuenses o san carlenses y sí una corta pero fructífera convivencia que permitió explorarla isla, trazar mapas y tomar nota de los usos y costumbres de aquella gente. De lo que escribieron los marinos convertidos en cronistas hay algunos datos curiosos, como la sorpresa y el rechazo que experimentaban los isleños al ver fumar a los españoles, manifestando con apasionados gestos que el humo iba hacia lo alto y molestaba a los dioses.
También es notable que, al describir a los aborígenes insistieran en que, de no ir tan pintarrajeados y escasamente vestidos, podrían pasar perfectamente por europeos; lo que resulta desconcertante si, como se afirma, los habitantes de Pascua eran polinesios.
En cualquier caso, uno se pregunta qué relación tenían aquellos pascuenses del sigo XVIII con los que esculpieron los moais y, más aún, qué queda de aquel material humano en la isla actual. La expedición de Felipe González de Haedo se refiere a poco más de un millar de insulares -una cifra lógica, dados los escasos recursos de la isla- pero treinta años después se extendió entre los piratas la atroz costumbre de capturar pascuenses para venderlos como esclavos a las guaneras peruanas, lo que hizo disminuir considerablemente su número. Pasado algún tiempo, se impusieron las razones humanitarias y los supervivientes fueron devueltos a su isla. Lo lamentable fue que regresaron con un equipaje no previsto: la viruela y la lepra. En 1862 sólo quedaban ciento once personas en la isla.
La sorpresa de los "moais"' Ha transcurrido más de un siglo y Pascua cuenta con unos dos mil habitantes, mezcla de autóctonos, continentales y polinesios. Casi todos ellos viven en la capital, Hanga Roa, una pequeña ciudad con escuela, hospital y aeropuerto; pero ellos, como los turistas que visitan la isla, tienen poco que ver con quienes levantaron las mil estatuas de piedra: esos mil guardianes de Pascua conocidos como moais. Si no el más importante, los moais constituyen el misterio más conocido de Rapa Nui (nombre polinesio de la isla).Y lo son por varias razones: su número, su función y su traslado. Cada una de ellas merecería un tratado.
¿Por qué tantas? Entre las terminadas y las que están aún a medio esculpir en la cantera del volcán Rano Raraku, se han contado más de mil. En una isla que en sus tiempos de mayor densidad demográfica contó con cinco o diez mil habitantes, la presencia de un millar de estatuas de piedra de gran tamaño resulta sorprendente; más parece que se tratara de una isla factoría dedicada a esculpir moais para su exportación, que de un lugar donde se les rendía culto. Puede descartarse que su fabricación respondiera a criterios comerciales, porque moais sólo los hay en Pascua, así que es preciso admitir que las razones fueron conmemorativas, espirituales u ornamentales, o todas ellas al tiempo.
Suele decirse en los libros que los moais representan a caciques locales, lo que, aunque razonable en teoría, resulta incomparable con los moais mismos, ya que no se trata de retratos, sino de criaturas idealizadas con aspecto vagamente humano. Además, al visitar la cantera del Rano Raraku y comprobar que hay cerca de cuatrocientos en diferentes fases de tallado, resulta evidente que no podía haber tantos personajes gobernando, recién muertos o en trance de morir. Lo más lógico es vincular esas estatuas con lo trascendente: representaciones de dioses, espíritus o personajes del pasado que asumieron una función mixta, como los héroes mitológicos.
Su relación con lo supranatural resulta aún más clara si se considera que el moai no es una pieza independiente, sino parte del conjunto ahu-moai, ya que las estatuas se disponían sobre un basamento de piedras labradas, el ahu, en torno a cuya base se extendía una plataforma de cantos rodados, la tahua, en la que se enterraban los cadáveres previamente descarnados. Se trata, pues, de monumentos funerarios en los que el moai es la parte más representativa. Dado que raramente se trata de enterramientos individuales y que éstos se realizaban después de construido el monumento y en épocas diferentes, es lícito suponer que la intención era colocar a los muertos importantes en un lugar previamente sacralizado, buscando la protección de aquellas entidades a las que los moais representaban; algo similar a las tumbas que hay en el interior de nuestras iglesias y catedrales. Si, como se describe en el artículo de JJ. Benítez, los moais eran depositados o condensadores del maná, la energía psicoespirtual a la que aluden las tradiciones pascuenses, el fin de los enterramientos podría haber sido la incorporación del espíritu de los fallecidos a ese maná colectivo. Quizá debiera asumirse que los moais fueron lo que en cierto modo están siendo de nuevo: el símbolo espiritual de Pascua, el alma de la isla.
Vulneración de las leyes físicas Por más que algunos arqueólogos se esfuercen en encajar la cuestión de las estatuas pascuenses en esquemas coherentes con una visión simplista del pasado, lo cierto es que ni por su número ni por su presumible función se ajustan a lo que pudo dar de sí la historia de Pascua: no son equiparables a otras estatuas de otras culturas.
En lo único que puede haber paralelismo con otros pueblos del pasado es en el desprecio que sus constructores manifestaron por el esfuerzo. En la factura y en el traslado de los moais se refleja la misma insana afición a vulnerarlas leyes físicas que en Tiahuanaco, en Egipto o en Sacsaihuamán. Y me refiero, naturalmente, al tamaño de las piedras.
Pudiendo limitar su esfuerzo a lo razonable, tallando moais de ocho o doce toneladas, como son la mayoría, los hicieron mayores, como si el método de traslado que utilizaban les hubiese resultado tan eficaz que para nada debieran preocuparse del tamaño: en la cantera del Rano Raraku hay uno sin terminar que mide veintidós metros de altura, con un peso estimado superior a las doscientas toneladas; puesto en pie tendría la altura de un piso de seis o siete plantas. O eran débiles mentales o sabían cómo desplazar aquella mole.
Dado que los antiguos pascuenses dejaron abundantes testimonios de su habilidad y sentido práctico, no hay razón alguna para dudar de su capacidad intelectual y sí para asumir que eran capaces de resolver un problema que en teoría carece de solución. En otro lugar y en otras circunstancias, el traslado de esa masa seria difícil y costoso; en Pascua, dados los recursos humanos y técnicos de que disponían, era, sencillamente, imposible. La tradición pascuense resuelve el problema afirmando que los moais "iban solos", carentes de peso por obra y gracia del misterioso mana. Es una explicación que carece de sentido ante el criterio mecanicista con el que la ciencia actual pesa y mide la realidad, lo que tampoco debe preocupar demasiado, porque ese criterio -tan útil en muchos sentidos- se ve desbordado no pocas veces por la realidad misma.
Lo fascinante de Pascua es que para justificar sus moais, sus muros de "estilo inca" o sus tablillas rongo-rongo, a las que luego me referiré, no puede hablarse de influencias externas; es una isla de náufragos, no un lugar de paso. Su extremo aislamiento sugiere que quienes llegaron a ella lo hicieron empujados por las circunstancias, desviados de su rumbo por una tormenta o por cualquier otra causa, y que, una vez allí, se quedaron porque no tenían otro remedio. Que entre esos náufragos hubiese hombres y mujeres es ya más difícil de explicar. A pesar del énfasis puesto por la expedición de Felipe González de Haedo en el aspecto "europeo" de los isleños, no parece haber duda sobre su naturaleza polinesia, reconocida por Cook y otros navegantes del siglo XVIII. Por otra parte, es lógico que así sea, puesto que, aunque a dos mil kilómetros de distancia, la Polinesia es el lugar más cercano a Pascua. Casi con toda seguridad llegaron de una isla de ese archipiélago; pero ¿cuándo? y ¿cuántos? La datación más antigua por el Carbono 14 corresponde al 386 d. de C., y hay otra del 857 d, de C., pero todos los estudios arqueológicos y la propia tradición pascuense se refieren a una inmigración mucho más reciente -en torno al siglo XIII o XIV- como responsable de las construcciones. Es decir, en el transcurso de tres o cuatro siglos y en condiciones de absoluto aislamiento, se gestó una original cultura, con manifestaciones artísticas depuradas, capaz de alardes técnicos desconcertantes y -lo que es mucho más extraordinario- dotada de una compleja escritura: la que aparece en las tablillas rongo-rongo.
Rongo-Rongo, una escritura compleja y enigmática Sólo se han encontrado en la isla de Pascua. Se trata de tablillas de madera pulida cubiertas de una extraña escritura. Su precio es incalculable, porque sólo se conservan veinticuatro, hoy repartidas por varios museos del mundo. Tenerlas en la mano y acariciar su bruñida superficie entraña el mismo placer fetichista para los que nos apasionamos por los misterios del pasado, que el que sentiría un creyente al tocar los huesos de San Pedro. Son la llave de una puerta que, si alguna vez llega a ser abierta, nos descubrirá los más oscuros secretos de la Historia.
Grabadas cuidadosamente en la madera, centenares de figuras, de pequeños ideogramas, se ordenan en líneas que deben ser leídas de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, alternativamente, en pseudobustrófedon. Lo que en ellas está escrito nadie lo sabe aún.
No puede pensarse que esa escritura nació en Pascua, porque el tiempo necesario para desarrollar un lenguaje escrito hace que éste sea una prerrogativa de culturas milenarias, no de las que cuentan con unos pocos siglos de historia. Además, en esa comunidad aislada y forzada por la pequeña extensión de la isla a una convivencia casi íntima, es tan absurdo inventar la escritura, como lo habría sido inventar el telégrafo para comunicarse de una habitación a otra en la misma casa.
La tradición pascuense aclara la cuestión diciendo que las tablillas rongo-rongo fueron llevadas a la isla por Hotu Matua, un legendario personaje que, según esas mismas tradiciones, llegó al mando de una expedición en el siglo XIII o XIV y se estableció en Pascua. Dicen que con el rey Hotu Matua iban vados sabios expertos en ese tipo de escritura y que consigo llevaban sesenta y siete tablillas con el mismo celo que si de un tesoro se tratara. Pero, si fue así, ¿de dónde venían? No hay en Polinesia escritura semejante, y tampoco en América. Por lo que se deduce de la historia conocida de la isla, los pascuenses tenían especial respeto por esa escritura, considerándola tapu (secreta) y reservando su aprendizaje a un grupo de iniciados, el clan de los Miru. Sin embargo, mucho antes de que la isla recibiera la primera visita de los europeos, su edad dorada se había ya eclipsado tras una época de luchas internas y los pascuenses nada sabían del significado de la escritura, aunque seguían copiando sus signos en nuevas tablillas para beneficiarse de su supuesto poder mágico.
En la caja fuerte del Museo de Historia Natural de Santiago de Chile se guardan tres tablillas y un bastón lleno de los mismos signos. Asombran por su perfección; más que escritura parece que se tratara de la labor de un orfebre: no hay señal de que el pulso traicionara en momento alguno al escriba, ni hay surco más profundo o más ancho que lo haga distinto a los restantes. Nadie conoce el secreto de los ciento cincuenta símbolos o ideogramas que se combinan para contar una historia que, quién sabe si ya para siempre, está olvidada. Pero eso no es todo...
Quizás el sueño de los arqueólogos fuera hoy más sosegado si un día, hace ya sesenta años, un paleógrafo húngaro llamado Guillermo de Hevesy no hubiera presentado en la Academia de Inscripciones y Bellas Letras de París un trabajo demostrando que el misterio de las tablillas rongo-rongo iba más allá del tiempo y del espacio. Lo que hasta ese momento era un enigma histórico se transformó en algo tan absurdo e insondable como un agujero negro: otro pueblo, separado por 3.500 años de historia y a 20.000 kilómetros de distancia, se había servido de la misma escritura. ¿Qué clase de expedición era aquella que llegó a Pascua bajo el mando de Hotu Matua? ¿De qué rincón del tiempo y del espacio procedían aquellas tablillas que los navegantes llevaban en su equipaje?
El trabajo de Hevesy fue aceptado por unos y rechazado por otros. Y acaso estos últimos no merezcan reproche, porque es lícito agarrarse a lo que sea cuando el suelo se hunde bajo los pies. Sin embargo, el paso de los años y el trabajo de otros investigadores han confirmado la veracidad de aquel informe:
En el Valle del lndo, en el actual Pakistán, hubo una cultura, tan soberbia como poco conocida, que se sirvió de la misma escritura. Fueron los que edificaron Harappa y Mohenjo Daro, las ciudades de ladrillo que sólo a medias ha desnudado la piqueta del arqueólogo. Urbes para cuarenta mil almas que revelan la existencia de una cultura de la que nada se sabía, comparable a las de Egipto y Mesopotamia y contemporánea de ellas. Sus calles rectas, su perfecto alcantarillado y detalles de confort inusuales en aquella época, como retretes similares a los de ahora, hablan de una sociedad tan original y avanzada, que resulta coherente que entre sus ruinas no se hayan encontrado restos de templo alguno. No estaban esas ciudades lejos de la costa y el lndo a su altura es navegable; puede que marinos intrépidos o locos hallaran el camino para llegar a la Polinesia atravesando el Océano Indico y gran parte del Pacífico; pero ¿cómo navegar en el tiempo y surcar tres mil quinientos años? Es posible que el mítico Hiva, la tierra hundida de las sagas pascuenses, conservara como un precioso legado la escritura de aquellos navegantes protoindios... No lo sé, pero sí recuerdo que, al pasar suavemente mis dedos sobre la madera roja en la que alguien escribió cosas que no entiendo, sentí que bajo ellos se deslizaba la piel misma del misterio. Días después, cuando en Pascua miraba fijamente los moais preguntándoles cuál era su secreto, intuí que aquellos finos labios de piedra sonreían de la misma forma que yo sonreiría si viera al niño de la parábola intentando vaciar el mar con un cedazo.
Si por un momento dejamos de lado a los planteamientos de trabajo y potencial humano para la construcción de la Gran Pirámide y nos situamos en el periodo de reinado del faraón Keops, las cifras que nos proporcionan los arqueólogos oscilan entre los veintitrés años identificados en el Papiro de Turín y los sesenta y tres de Manetón. Si Manetón recogió todos los nombres de los faraones por encargo Ptolomeo IV (205-181 a C), con el fin de alargar la duración de su estirpe y se considera igualmente válido el papiro de Turín, la Gran Pirámide no pudo ser comenzada y acabada por Keops. Otra cosa es plantear que este faraón pudiera terminar la pirámide o adaptarla para su descanso terrenal. Los egiptólogos como sustento de esta hipótesis, han encontrado serias diferencias en los procesos de construcción de la pirámide, lo que se consideraría como base, y las diferentes cámaras que se encuentran presentan un aspecto de construcción perfecto. Pero en las últimas zonas de construcción, las terminaciones eran más burdas y en ocasiones menos perfectas. Con lo cual tenemos un importante aspecto para diferenciar la época.
La cosa se complica, cuando comenzamos a pensar en algunos detalles curiosos que comprendían la gran pirámide. Un equipo de investigación español, encontró en el fondo del pasadizo de la verdadera entrada a la pirámide un fragmento cilíndrico de madera que se demostró científicamente que pertenecía a un bloque de granito que se encuentra en la entrada y sirvió como sistema de cierre. Un dato muy curioso, es que cuando llevaron a una Universidad americana a analizar este pequeño cilindro de madera, los científicos se asombraron cuando el veredicto del C-14, dató del 2016 después de Cristo, este hallazgo. ¿Quiere decir esto que viene del futuro? Analicemos ahora, el propio sistema de cierre de la entrada a la pirámide, que se encuentra in situ y cualquiera puede verlo. Se trata de un bloque de granito, con seis orificios que corresponderían a seis cilindros de madera como el que se encontró en el fondo del pasadizo que nos conduce hasta el mismísimo punto central, donde bascula el enorme monumento.
Un científico inglés, examinó los orificios donde supuestamente se insertarían esos seis cilindros, y encontró las marcas de un broca algo extrañas. En primer lugar, la broca tendría que tener una dureza 500, para poder haber trepanado de la forma en que lo hizo este bloque de granito. Tengamos en cuenta que el material más duro que se conoce es la vidia, que es el diamante sintético y tiene dureza 11 y se utiliza en los talleres para cortar precisamente el granito. En seccionar un bloque de granito de un metro, se invierten horas con nuestra técnica actual. Según los cálculos de este científico inglés, en base a la medida de separación de las marcas dejadas por la broca, el proceso de perforación con el que se trataron los orificios del bloque de cierre, fue tres veces más rápido que como hoy en día lo hubiéramos conseguido con nuestro sistema. Sólo con observar el obelisco inacabado de las canteras de granito rosa que se encuentran en Aswan, nos damos cuenta que la forma acucharada con la que esta esculpido, encierra un misterio superior al que simplemente nos explican los arqueólogos
A cierta distancia del nacimiento del Nilo, se encuentra una tribu, los Dogones, anclada en la prehistoria, que afirma que hace diez mil años, una extraña arca de luz vino del cielo. De ella salieron unos seres mitad pez, mitad hombre llamados instructores y decían venir de una estrella llamada Potoolo (Sirio B). Contaban que en ese sistema estelar, había una estrella de gran magnitud llamada Digitaria (Sirio A) y que Potoolo rotaba al rededor de Digitaria en un tiempo de 50 años. También decían que una simple cucharada de la estrella Potoolo, pesaba más que todo nuestro planeta. Según las comprobaciones científicas que se hicieron al respecto, Los Dogones, conocían exactamente el sistema estelar binario de Sirio, cuando este se descubrió por primera vez en el año 1824 y se pudo observar en el 1864 con un telescopio. Por otro lado, en el 1972, se comprobó que en efecto, la estrella Sirio B, tiene un periodo de 50 años alrededor de Sirio A. Y para mayor asombro, hace tan solo cinco años, se pudo analizar mediante un sistema espectral, la densidad que tendría la estrella Sirio B, dando casualmente una dureza 500. ¿No les parece algo extraño, que una tribu anclada en el pasado conozca detalles que hoy en día la ciencia está descubriendo con su moderna tecnología?
Si pensamos que la raza egipcia, originariamente pudiera venir de centroafrica, y más concretamente de una región cercana a las tierras de los Dogones, e intentamos dar una explicación coherente a la construcción de las pirámides, posiblemente encontremos alguna solución cuando comparemos la dureza de un material como el que pudiera haber sido traído por una raza extraterrestre, en la visita realizada a esta tribu y que casualmente coincide con el que la ciencia dice que tiene la estrella de donde estos venían, con el material de la dureza necesaria para realizar las trepanaciones del bloque de granito que supuestamente sirvió de sistema de cierre. Pero claro, es una utopía pensar que una raza extraterrestre pudiera haber venido a la Tierra, ¿no creen?...
En 1983 el escritor y egiptólogo Ing. Robert Bauval (coautor junto a Adrian Gilbert y Graham Hancock de El Misterio de Orión y Guardián del Génesis respectivamente, y autor del libro La Cámara Secreta) informaba sobre la Teoría de la Correlación de Orión y la Pirámide de Kheops.
Ya los Drs. Virginia Trimble y Alexander Badawi habían demostrado que el canal Sur de la Cámara del Rey había sido orientado hacia el Cinturón de Orión, el "alma" de Osiris.
En 1986 R. Bauval descubre que el Canal Sur de la Cámara de la Reina estaba orientado hacia la estrella Sirio, identificada como la hermana y esposa de Osiris, la diosa Isis, quien hizo su aparición en los cielos de este lugar hacia el 10500 A.C., según los estudios astronómicos.
La relación entre las estrellas del Cinturón de Orión (Zeta, Epsilon y Delta Orionis) era evidente. Una conexión astronómica y estelar existía.
Bauval encontró además características similares entre las tres estrellas del Cinturón de Orión y las tres Pirámides.
He aquí el esquema en sus partes principales:
Cinturón de Orión
Pirámides de Gizeh
Las tres estrellas están alineadas en dirección sudoeste mientras cruzan el meridiano.
Las tres Pirámides están alineadas en dirección sudoeste orientados al meridión.
La estrella más alta Delta Orionis, está ligeramente desviada hacia el este de la diagonal que proyectan las otras dos estrellas.
La Pirámide del Sur, Micerinos está ligeramente separada hacia el este con respecto a la línea diagonal proyectado por las otras dos pirámides.
Delta Orionis es también mucho menos brillante que las otras dos estrellas, las cuales son de una magnitud muy similar (magnitud 2.20, comparado con 1.70 y 1.79).
a Pirámide de Micerinos es también mucho más pequeña que las otras dos pirámides las cuales son de una altura muy parecida (65 metros comparado con 147 y 143 metros).
La estrella del centro, Epsilon, se encuentra casi equidistante a las otras dos estrellas.
La Pirámide del medio, la de Kefrén, es casi equidistante a las otras dos pirámides.
Fotografía de la Constelación de Orión (Celestial Handbook, Robert Burnham Jr., Dover Publications.), y vista aérea de las Pirámides de Gizeh.
Para el Ing. Robert Bauval existe una relación de alineación astronómica entre ambas, entre la imagen del cielo y la imagen de la Tierra en Gizeh durante el año 10500 A.C.
En los "Textos de las Pirámides" la "Vía de Agua Sinuosa" era visto como el homólogo celeste del Nilo.
La sinuosidad del Río Nilo describe perfectamente los movimientos de la Vía Láctea con respecto a la Tierra. Más aún, la alineación sudoeste de las tres estrellas relativo al eje de la Vía Láctea cuadra con el alineamiento sudoeste de las tres Pirámides relativo al eje del Nilo. También es sorprendente que la distancia de las estrellas con respecto al eje de la Vía Láctea cuadra – en igual escala – con la distancia de las pirámides con respecto al eje del Nilo.
Para Robert Bauval estos son elementos sólidos que indican una relación directa entre el Cinturón de Orión y las Pirámides de Gizeh.
La posición de estas estrellas con los canales de la Gran Pirámide apuntan directamente al año 10500 A.C., la misma fecha estimada de edad para la Esfinge, en la "Era del León".
La relación existe, no puede negarse que hay una correlación entre la imagen del cielo y la imagen de la Tierra en Gizeh para la época del 10500 A.C., fecha dada a través del software especialmente diseñado para el movimiento de las estrellas denominado SkyGlobe.
Diversos factores se interrelacionan en esa fecha para conmemorar "el tiempo primigenio".
En el 2500 A.C. el canal Sur de la Cámara del Rey apuntaba a Zeta Orionis, la estrella más baja del Cinturón de Orión.
Utilizando el software citado se comprobó que el punto bajo se alcanzó hacia el 10500 A.C. cuando el Cinturón de Orión se encontraba a unos 10 grados por encima del horizonte.
En el 2500 A.C. el ángulo de las tres estrellas del Cinturón de Orión eran de unos 73 grados con el meridiano, sin embargo el ángulo de las tres pirámides era de 45 grados.
Para el año 10500 A.C. el ángulo de las estrellas de Orión eran muy próximos a los 45 grados.
La relación se repetía.
También en la Esfinge se comprobaba la relación de alineación astronómica. Entre sus patas existe una inscripción que dice "el lugar del tiempo primigenio".
La Esfinge mira al Este, lugar donde el Sol se levanta cada mañana.
La estrella Zeta Orionis del Cinturón de Orión cruzó el meridiano en el 10500 A.C., lo que significa que el punto vernal (lugar que ocupa el Sol en el cielo en los equinoccios) estaba sobre el horizonte justo en el Este, en perfecta alineación con la Esfinge.
Asimismo, la constelación zodiacal de Leo estaba localizado hacia el este.
Sin duda alguna, la Esfinge estaba apuntando hacia el Cinturón de Orión en el año 10500 A.C. cuando se encontraba en su punto más bajo en el meridiano sur en plena Era del León.
Para el escritor y egiptólogo Robert Bauval todos estos datos no pueden ser atribuidos a la "casualidad". Son demasiados los factores que se interrelacionan entre sí. Nos dice en "La Cámara Secreta": "Existe y sigo convencido de que los antiguos que diseñaron Gizeh intentaron fijar una fecha para conmemorar el ‘tiempo primigenio’ o la ‘Edad de Osiris’ y que esta fecha fue alrededor del 10500 A.C."
Hoy sabemos que todo lo que existe en la meseta de Gizeh, Pirámides y Esfinge nos describe el Universo tal y como lo vieron sus constructores.
El año 10500 A.C., y más atrás aún según otros estudios científicos, nos marcan el inicio de una civilización perdida que nos dejaron sus huellas a través de sus monumentos y escritos, certificando la relación estelar con el Hombre de aquellas épocas, verdaderos profesionales en Arquitectura, Astronomía y Tecnología.
Protagonistas vivas, la Esfinge, las Pirámides de Kheops, Kefrén y Micerinos (o Khufu, Khafre y Menkaure) son testigos de varias civilizaciones, una perdida en la noche de los tiempos, junto a la faraónica, la griega, la romana y quizás también puedan ver la nuestra ...
Correlación a una misma escala de la dirección suroeste de las pirámides con respecto al eje de la correlación del Nilo al eje X-X´ del Cinturón de Orión, con respecto al eje de la Vía Láctea.
Cuando nos ponemos a reflexionar y observamos lo que sucede en el mundo sentimos de una u otra forma que los tiempos apocalípticos están ya presentes, así vivimos hoy tiempos de guerra por cualquier asunto, cambios climáticos que provocan grandes calamidades, amén de los desastres naturales que cada vez que se presentan tal parece que lo hacen con mayor contundencia, y ni que decir de nuestros comportamientos individuales y sociales cotidianos donde se pone en evidencia que, cada vez estamos más lejos de nosotros mismos y de los demás con el consecuente deterioro de las relaciones humanas.
Los Mayas sabían que todo esto iba a suceder y por ello nos dejaron un mensaje grabado en piedra que esta constituido por un elemento de alerta y otro de esperanzalos mismos que están contenidos en sus Siete Profecías, en el mensaje de alerta nos avisan de lo que va a pasar en éstos tiempos que vivimos, y en el de esperanza nos dicen de los cambios que debemos de realizar en nosotros mismos para impulsar a la humanidad hacia una nueva era, donde los valores mas altos empiecen florecer a través de la práctica cotidiana de de éstos por cada uno de nosotros, para llevar a la humanidad hacia el amanecer galáctico, en donde en la nueva era ya no habrá más caos ni destrucción.
Las visiones de futuro, de nuestro presente, están en las siete profecías que se basan en las conclusiones de sus estudios científicos y religiosos sobre el funcionamiento de universo.....
Primera Profecía
El mundo de odio y materialismo terminará el sábado 22 de de diciembre del año 2012 y con ello el final del miedo, en este día la humanidad se tendrá que escoger entre desparecer como especie pensante que amenaza con destruir el planeta o evolucionar hacia la integración armónica con todo el universo, comprendiendo y tomando conciencia de todo esta vivo y que somos parte de ese todo y que podemos existir en una nueva era de luz.
La primera profecía nos dice que a partir de 1999 nos quedan 13 años, para realizar los cambios de conciencia y actitud para desviarnos del camino de destrucción por el que avanzamos, hacia uno que abra nuestra conciencia y nuestra mente para integrarnos con todo lo que existe.
Los Mayas sabían que nuestro sol es un ser vivo que respira y que cada cierto tiempo se sincroniza con el enorme organismo en el que existe, que al recibir un chispazo de luz del centro de la galaxia brilla mas intensamente, produciendo en la superficie lo que nuestros científicos llaman erupciones solares y cambios magnéticos, ellos dicen que esto sucede cada 5125 años, que la tierra se ve afectada por los cambios en el sol mediante un desplazamiento de su eje de rotación, y predijeron que a partir de ese movimiento se producirían grandes cataclismos, para los mayas los procesos universales como la respiración de la galaxia son cíclicos y nunca cambian, lo que cambia es la conciencia del hombre que pasa a través de ellos, siempre en un proceso a la perfección ( recordemos el mensaje de Jesucristo en la Biblia: "sed perfectos como lo es su padre en el reino de los cielos").
Los Mayas predijeron que el sábado 22 de diciembre del 2012 el sol al recibir un fuerte rayo sincronizador proveniente del centro de la galaxia cambiará su polarización y producirá una gigantesca llamarada radiante. Por ello la humanidad deberá estar preparada para atravesar la puerta que nos dejaron los mayas, transformando a la civilización actual basada en el miedo en una vibración mucho más alta de armonía, solo de manera individual se puede atravesar la puerta que permite evitar el gran cataclismo que sufrirá el planeta para dar comienzo a una nueva era, en un sexto ciclo del sol.
La primera profecía nos habla del tiempo del no tiempo, un período de 20 años que empezó en 1992 y que termina en el 2012, donde la humanidad entraría en el último período de grandes aprendizajes, grandes cambios. Asimismo la anunció que siete años después del comienzo de este período comenzaría una época de oscuridad que nos enfrentaría a todos con nuestra propia conducta, dijeron que las palabras de sus sacerdotes serían escuchadas por todos nosotros como una guía para despertar, ellos llaman a ésta época como el tiempo que la humanidad entrará al gran salón de los espejos, una época de cambios para enfrentar al hombre consigo mismo para hacer que entre al gran salón de los espejos y se mire, y analice su comportamiento con el mismo, con los demás, con la naturaleza y con el planeta donde vive. Una época para que toda la humanidad por decisión conciente de cada uno de nosotros decida cambiar, eliminar el miedo y la falta de respeto de todas nuestras relaciones.
Segunda Profecía Esta anunció que todo el comportamiento de la humanidad cambiaría rápidamente a partir del eclipse de sol del 11 de agosto de 1999, y ese día vimos como un anillo de fuego se recortaba contra el cielo, fue un eclipse sin precedentes en la historia, por la alineación en cruz cósmica con centro en la tierra de casi todos los planetas del sistema solar, se posicionaron en los cuatro signos del zodíaco, que son los signos de los cuatro evangelistas, los cuatro custodios del trono que protagonizan el Apocalipsis de San Juan.
Además la sombra que proyecta la luna sobre la tierra atravesó Europa pasando por Kosovo, luego por Medio Oriente, por Irán e Irak y posteriormente se dirigió a Pakistán e India, con su sombra parecía predecir un área de conflictos y guerras (lo cual ha venido sucediendo puntualmente). Los Mayas sostenían que a partir de les eclipse los hombres perderían fácilmente el control de sus emociones o bien afianzarían su paz interior y su tolerancia evitando los conflictos.
Desde entonces se vive una época de cambios que es la antesala de una nueva era, antes del amanecer es cuando la noche se hace más oscura, el fin de los tiempos es una época de conflictos y grandes aprendizajes, de guerras, separación y locuras colectivas que generará a su vez proceso de destrucción y evolución, la segunda profecía indica que la energía que se recibe desde el centro de la galaxia aumentará y acelerará la vibración en todo el universo para conducirlo a una mayor perfección, esto producirá cambios físicos en el sol, en la tierra y cambios psicológicos en el hombre alterando su comportamiento, su forma de pensar y sentir, se transformarán las relaciones y los modos de comunicación, los sistemas económicos, sociales, de orden y justicia, cambiarán las creencias religiosas y los valores aceptados, el hombre se enfrentará a sus miedos y angustias para resolverlos, y de ese modo podrá sincronizarse con los del planeta, y el universo; la humanidad se concentrará en su lado negativo y podrá ver claramente que cosa es la que está haciendo mal, este es le primer paso para cambiar la actitud y conseguir unidad que permite la aparición de la conciencia colectiva, se incrementarán los sucesos que nos separan pero también los que nos unen, la agresión, el odio, las familias en disolución, los enfrentamientos por ideologías, religión, modelos de moralidad o nacionalismo; simultáneamente más personas encontrarán paz, aprenderán a controlar sus emociones, habrá más respeto, serán más tolerantes y comprensivas y encontrarán la unidad, surgirá el hombre con un altísimo nivel de energía interna, personas con sensibilidad y poderes intuitivos para la sanación, pero también aparecerán farsantes que solo pretenderán tener ganancia económicas a expensas de la desesperación ajena. Al final del ciclo cada hombre será su propio juez, cuando el hombre entre al salón de los espejos para examinar todo lo que hizo en la vida, será clasificado por las cualidades que haya desarrollado en la vida, su manera de actuar día tras día, su comportamiento con los demás, y su respeto por el planeta, todos se ubicarán acordes a lo que sean, los que conserven la armonía comprenderán lo que sucede como un proceso de evolución en el universo, en cambio habrá otros que por ambición, miedo y frustración culparán a los demás o a Dios por lo que sucederá, se generarán situaciones de destrucción, muerte y sufrimiento, pero también se dará lugar a circunstancias de solidaridad y de respeto con los demás, de unidad con el planeta y el cosmos.
Esto implica que el cielo y el infierno se estarán manifestando al mismo tiempo, y que cada ser humano vivirá en el uno o el otro, dependiendo de su propio comportamiento, el cielo con la sabiduría para trascender voluntariamente a todo lo que sucede, el infierno con la ignorancia para aprender con sufrimiento, dos fuerzas inseparables, una que comprende que en el universo todo evoluciona hacia la perfección, que todo cambia, otra envuelta en u plano material que solo alimenta el egoísmo. En la época del cambio de los tiempos, todas las opciones estarán disponibles, prácticamente sin censura de ninguna clase, y los valores morales serán más laxos que nunca, para que cada cual se manifieste libremente como es, la segunda profecía afirma que sí la mayoría de los seres humanos cambia su comportamiento, y se sincroniza con el planeta, se neutralizarán los cambios drásticos que describen las siguientes profecías; hay que ser concientes de que el hombre siempre decide su propio destino, especialmente en esta época, las profecías son solo advertencias para que tomemos conciencia de la necesidad de cambiar de rumbo para evitar que se hagan realidad.
Tercera Profecía La tercera profecía Maya dice que una ola de calor aumentará la temperatura del planeta, produciendo cambios climatológicos, geológicos y sociales en una magnitud sin precedentes, y a una velocidad asombrosa; los mayas dicen que el aumento de de la temperatura se dará por varios factores, uno de ellos generado por el hombre que en su falta de armonía con la naturaleza solo puede producir procesos de auto destrucción, otros serán generados por el sol que al acelerar su actividad por el aumento de vibración produce más radiación, aumentando la temperatura del planeta.
Por esta advertencia de la tercera profecía de los Mayas, se hace impostergable y urgente un cambio de conducta en lo individual y colectivo para asumir el compromiso de la practica cotidiana de acciones que ayuden a mejorar la ecología del planeta hasta lograr la plena armonía del actuar del ser humano con el entorno, a sabiendas de que el comportamiento del hombre será crucial para sobrellevar el aumento general de la temperatura causada por su propia conducta inconsciente y depredadora.
Cuarta Profecía
La cuarta profecía dice que a consecuencia del aumento de la temperatura causado por la conducta antiecológica del hombre y una mayor actividad del sol, se provocará un derretimiento en los polos (ya tuvimos noticia reciente del desprendimiento de un bloque de hielo polar del tamaño del territorio del estado de Tlaxcala ubicado en el territorio mexicano), si el sol aumenta sus niveles de actividad por encima de lo normal habrá una mayor producción de viento solar, mas erupciones masivas desde la corona del sol, un aumento en la irradiación y un incremento en la temperatura del planeta. Los Mayas se basaron en el giro de 584 días del planeta Venus para calibrar sus cálculos solares, Venus es planeta fácilmente visible en el cielo, pues su órbita está entre la tierra y el sol. Ellos dejaron registrado en el códice Dresde que cada 117 giros de Venus marcados cada vez de que aparece en el mismo sitio en el cielo, el sol sufre alteraciones, aparecen enormes manchas o erupciones de viento solar; advirtieron que cada 5125 años se producen alteraciones aún mayores y que cuando esto ocurre el hombre debe de estar alerta, es el presagio de cambios y destrucción. En el códice Desdre también figura la cifra 1366560 kines que tiene una diferencia de 20 años con la cifra que aparece en el templo de la cruz en Palenque, que tiene tallado la cifra de 1366540 kines, correspondiendo esta diferencia al período de tiempo que llamaban tiempo de no tiempo, que es le que estamos viviendo desde 1992, los cambios en la actividad del sol serán más fuertes, puesto que las protecciones que tenemos a nivel planetario se están debilitando, el escudo electromagnético que nos cubre está diminuyendo su intensidad. Sí sabemos que muchas cosas que queremos que no sucedan y que causan grandes tragedias finalmente suceden, debemos concentrarnos en producir resultados positivos de nuestras acciones y al mismo tiempo crecer con las dificultades que se nos presenten, debemos asumir la vida y tomar nuestras decisiones de manera conciente, hay que abrir los ojos a las posibilidades que puede traernos un mundo en el que todos culpan a los demás de lo que sucede.
Todas las profecías buscan un cambio en la mente del hombre, pues el universo está generando todos esos procesos para que la humanidad se expanda por la galaxia comprendiendo la integridad fundamental con lo que existe.
Quinta Profecía
Esta profecía nos dice que todos los sistemas basados en el miedo sobre lo que se fundamenta nuestra civilización se transformarán simultáneamente con el planeta y el hombre para dar paso a una nueva realidad de armonía, el hombre está convencido que el universo existe solo para él, que la humanidad es la única expresión de vida inteligente, y por eso actúa como un depredador de lo que existe. Los sistemas fallarán para enfrentar al hombre consigo mismo y hacerle ver la necesidad de reorganizar la sociedad, y continuar en el camino de la evolución, que nos llevará a comprender la creación. El nuevo día galáctico está anunciado por todas las religiones y cultos como una época de paz y armonía para toda la humanidad, es claro entonces que todo lo que no produzca este resultado debe desaparecer ó transformarse, la nueva época de luz no puede tener una humanidad basada la economía militar de imposiciones de verdades por la fuerza.
Sexta Profecía
La sexta profecía Maya dice que en los próximos años aparecerá un cometa cuya trayectoria pondrá en peligro la existencia misma del hombre, los Mayas veían a los cometas como agentes de cambio que venían a poner en movimiento el equilibrio existente para que ciertas estructuras se transformen permitiendo la evolución de la conciencia colectiva, todas las cosas tienen un lugar que les corresponde en todas las circunstancias, aún las mas adversas son perfectas para generar comprensión sobre la vida para desarrollar conciencia sobre la creación, por esto el hombre se ha enfrentado constantemente a situaciones inesperadas que le generan sufrimiento, es un modo de lograr que reflexione sobre su relación con el mundo y con los otros, así a lo largo de muchas vidas comprenderá las leyes universales de la razón de la creación, para los Mayas, Dios es la presencia de la vida que tiene todas las formas y su presencia es infinita.
El cometa del que habla la sexta profecía fue también anunciado por muchas religiones y culturas, por ejemplo la Biblia en el libro de las revelaciones aparece con el nombre de ajenjo. Sí el cometa aparece, es posible que su trayectoria lo lleve a chocar con la tierra, o también por medio de físicos o psíquicos logremos desviar su trayectoria (informaciones recientes nos hablan de un enorme asteroide que se descubierto en el espacio que en su trayectoria puede chocar con la tierra en los próximos años), los cometas siempre han formado parte del sistema solar, miles de residuos atraviesan, cruzan, rozan, van y vienen periódicamente e incluso chocan con los planetas que se mueven siempre tranquilos en órbitas regulares, alrededor del sol.
Los Mayas siempre estudiaron y registraron los eventos del cielo, su alerta fue prevenir al hombre de los peligros de no conocer las órbitas y períodos de grandes residuos que se cruzan con la trayectoria conocida de la tierra, ellos sabían que para el hombre moderno descubrir con anticipación un asteroide tan grande que pudiera causar su extinción y luego desviarlo sería uno de los mayores logros de la historia humana y un hecho crucial que nos uniría como especie. Antiguamente la esfera celeste era el dominio de los dioses, la aparición sorpresiva de un objeto desconocido que dominaba la noche era motivo de miedo y misticismo, por ese motivo los Mayas construyeron observatorios dedicados a estudiar los fenómenos, querían entender los impredecibles movimientos en el cielo, especialmente después de que establecieron las posiciones de los planetas y las estrellas. El peligro inminente del que nos alerta la sexta profecía nos obligaría a construir un nivel de cooperación internacional, a establecer un sistema de comando y control por encima de los países y una estructura de comunicación mundial, sería la única manera que los países declinaran su soberanía a una identidad como la Naciones Unidas, dando paso a un gobierno mundial para el bien común, sería un cambio para aprender a trascender la separación que es la base de nuestra sociedad.
Séptima Profecía Esta profecía Maya nos habla del momento que en el que el sistema solar en su giro cíclico sale de la noche para entrar en le amanecer de la galaxia, dice que los 13 años que van desde 1999 al 2012 la luz emitida desde la galaxia sincroniza a todos los seres vivos y les permite acceder voluntariamente a una transformación interna que produce nuevas realidades, Que todos los seres humanos tienen la oportunidad de cambiar y romper sus limitaciones, recibiendo un nuevo sentido: la comunicación a través del pensamiento, los hombres que voluntariamente encuentren su estado de paz interior, elevando su energía vital, llevando su frecuencia de vibración interior del miedo hacia el amor, podrán captar y expresarse a través del pensamiento y con el florecerá el nuevo sentido.
La energía del rayo transmitido desde le centro de la galaxia activa el código genético de origen divino en los hombres que estén en una frecuencia de vibración alta, este sentido ampliará la convivencia de todos los hombres, generando una nueva realidad individual, colectiva y universal, una de las transformaciones mas grandes ocurrirá a nivel planetario, pues todos los hombres conectados entre si como un solo todo, dará nacimiento a un nuevo ser en el orden genético, la reintegración de las conciencias individuales de millones de seres humanos despertará una nueva conciencia en la que todos comprenderán que son parte de un mismo organismo gigantesco. La capacidad de leer el pensamiento entre los hombres revolucionará totalmente la civilización, desaparecerán todos los límites, terminará la mentira para siempre porque nadie podrá ocultar nada, comenzará una época de transparencia y de luz que no podrá ser opacada por ninguna violencia o emoción negativa, desaparecerán las leyes y los controles externos como la policía y el ejército, pues cada ser se hará responsable de sus actos y no habrá que implementar un derecho o deber por la fuerza. Se conformará un gobierno mundial y armónico con los seres más sabios del planeta, no existirán fronteras ni nacionalidades, terminarán los limites impuestos por la propiedad privada y no se necesitará el dinero como medio de intercambio; se implementarán tecnologías para manejar la luz y la energía y con ellas se transformará la materia produciendo de manera sencilla todo lo necesario, poniendo fin a la pobreza de siempre. La excelencia y el desarrollo espiritual serán el resultado de hombres en armonía que realizan las actividades con las que vibran mas alto y al hacerlo expandirán su nivel de comprensión sobre el orden universal, con la comunicación a través del pensamiento aparecerá un súper sistema inmunológico que eliminará las vibraciones bajas del miedo producidas por las enfermedades, prolongando la vida de los hombres, la nueva era no necesitará del aprendizaje del contraste inverso producido por las enfermedades y el sufrimiento que caracterizaron miles de años de historia.
Los hombres que conciente y voluntariamente encuentren paz interior, entran en una nueva época de aprendizaje por contraste armónico, la comunicación y la reintegración hará que las experiencias, los recuerdos individuales y conocimientos adquiridos estén disponibles sin egoísmos para todos los demás, será como una Internet a nivel mental que multiplicará exponencialmente la velocidad de los descubrimientos, y se crearán sinérgias nunca antes imaginadas. Se acabarán los juicios y los valores morales que cambian con las épocas, como la moda, se comprenderá que todos los actos de la vida son una manera de alcanzar una mayor comprensión y armonía, el respeto será el elemento fundamental de la cultura, transformará al individuo y a la comunidad y colocará a la humanidad en la posibilidad de expandirse por la galaxia, las manifestaciones artísticas y las actividades recreativas comunitarias ocuparán la mente humana, miles de años fundados en la separación entre los hombres que adoraron a un Dios lejano que juzga y castiga, se transformarán para siempre, el hombre vivirá la primavera galáctica, el florecimiento de una nueva realidad basada en la integración con el planeta y todos los seres humanos para en ese momento comprender que somos parte integral de un único organismo gigantesco y nos conectaremos con la tierra, los unos con los otros, con nuestro sol y con la galaxia entera; todos los hombres comprenderán que el reino mineral, vegetal, animal y toda materia esparcida por el universo a todas escalas desde el átomo hasta la galaxia, son seres vivos con una conciencia evolutiva, a partir de sábado 22 de diciembre del año 2012 todas las relaciones estarán basadas el la tolerancia y la flexibilidad, pues el hombre sentirá a otros como otra parte de si mismo.