martes, 11 de diciembre de 2007

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki siguen explotando y la victima eres tú II

(2da parte)

Por Alfredo Embid (agosto 2005)

II. LA FALSIFICACION DE LA CIENCIA

Uno de los tantos ejemplos de lo que se podía ver en las calles de Nagasaki luego de la explosión.EL FRAUDE DE LOS ESTUDIOS MÉDICOS SOBRE LOS SUPERVIVIENTES SIRVIÓ DE BASE PARA ESTABLECER LOS NIVELES “ADMISIBLES” DE RADIACTIVIDAD QUE SIGUE CONTAMINÁNDONOS.

Del mismo modo que se falsificó (y se sigue falsificando) la historia de Hiroshima y Nagasaki (1), desde el comienzo hubo un intento de minimizar los efectos sanitarios del crimen.

El jefe de los servicios de salud estadounidenses declaró alegremente durante el retorno de los diplomáticos rusos a Tokio que “los efectos radiológicos de la bomba desaparecían después de 24 horas” (2), pero demostradamente aún persisten.

A finales de 1945 los médicos del ejército de EEUU dijeron que todas las muertes debidas a los efectos de la radiación de las bombas de Hiroshima y Nagasaki ya habían tenido lugar así que no había que preocuparse (3).

Pero las evidencias se acumulaban así que en 1950 los estadounidenses crearon la Comisión de Víctimas de la Bomba Atómica (Atom Bomb Casualty Commission, ABCC) para estudiar los efectos a largo plazo de las bombas. La ABCC ha sido reemplazada años después por la Radiation Effects Research Foundation (Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación).

La comisión pretendía examinar las causas de la muerte de 109.000 supervivientes, elegidos entre 284.000 identificados en el censo de 1950 de Japón, y compararlos con una población teóricamente no expuesta a la contaminación (3). Luego el estudio LSS (Life Span Study) mantuvo el seguimiento de algunos supervivientes de las bombas atómicas durante toda su vida. Estos estudios tienen numerosas irregularidades, que los invalidan científicamente. Veamos algunas de ellas:

1. El primer estudio comenzó en 1950, cuando ya numerosos supervivientes habían fallecido y fue terminado rápidamente.

Los resultados fueron publicados en 1965 ignorando que hay cánceres que tardan decenios en aparecer. Aún hoy, más de 50 años después de la tragedia, hay mujeres que tienen cáncer de mama tras los efectos de las radiaciones ionizantes liberadas en Hiroshima y Nagasaki, los porcentajes revelados en Hiroshima son más elevados que en las regiones vecinas (2).

El primer estudio se continuó después con el mencionado LLS donde el factor de riesgo de padecer cáncer se basó en la mortalidad observada hasta 1974. Esto supone que el cáncer radioinducido tarde menos de 30 años en aparecer, lo que es cierto para la leucemia pero completamente falso para otros cánceres. De hecho, desde 1974 el número de tumores malignos no ha dejado de crecer para la mayoría de los cánceres (8). La mayoría de los cánceres muestran un efecto de la radiación aún creciente (9). Los datos más recientes sobre los efectos tardíos de cáncer en el estudio de Hiroshima LSS muestran que el total de cánceres continúa excediendo lo previsto (5).

2. El grupo de víctimas estudiado no era representativo de una población normal y estaba sesgado.

Se seleccionaron a los supervivientes de la bomba que ya de por sí habían demostrado tener más resistencia puesto que habían sobrevivido. Especialmente se seleccionaron aquellas personas con un sistema inmunológico particularmente eficaz que resistió a la agresión de su médula ósea que fabrica las células de la sangre y sobrevivieron, y esto hizo que la incidencia de cánceres se atenuase. Además el grupo seleccionado en el estudio inicial comprendía a deportistas jóvenes en buena forma. Las personas particularmente vulnerables a los efectos nefastos de la radiación, niños, mujeres y ancianos no fueron incluidos en este estudio.


Víctimas de la Bomba-A que escaparon a Puente Miyuki (cerca de 2 km del centro de la explosión).

Todo esto ha sido resaltado por numerosos autores (17 - 18 - 19 - 23 - 27).

3. El grupo de control no contaminado, también estaba contaminado.

El grupo expuesto era el que se encontraba a menos de 2.5 km del impacto mientras que el grupo de control estaba formado por personas que en el momento de la explosión estaban a más de 2.5 km del centro de la misma (9), lo que no quiere decir que no recibiera ninguna radiación ya que las bombas estallaron a 500 m. antes de tocar el suelo.

Tanto el grupo estudiado como los controles fueron expuestos a irradiación interna por la lluvia radiactiva que devolvió partículas al suelo y al agua contaminando las cadenas alimenticias (ver más adelante cómo se negó la exposición interna).

Esto ha sido denunciado también por numerosos autores (4-5-19-28). En el estudio de Hiroshima por lo tanto no había grupo de control no expuesto realmente. Como los controles estaban también contaminados, el riesgo relativo (muertes en el grupo de estudio/muertes en los controles) fue bajo, y en ocasiones no significativo.

Este es un problema importante especialmente si la relación dosis-respuesta no es lineal (y no lo es como veremos), los supuestos controles sometidos a una baja exposición pueden incluso mostrar un número de cánceres mayor que otros grupos con mayor exposición, donde las células (o el feto) puede que hayan muerto en vez de mutado (5). El mismo Karl Morgan ex director del ICRP (Comisión Internacional de Protección Radiológica) reconoce que “las evaluaciones utilizan como grupo de control el grupo que recibió dosis débiles. En el modelo supralineal (*) esto puede subestimar de forma importante el riesgo de cáncer”. (18)

Y ya sabéis, si las personas oficialmente poco o no contaminadas tienen más cánceres que las irradiadas, algún listillo (o el mismo que hizo el estudio) dirá que la radiación no solo no es nociva si no que encima ¡nos protege del cáncer! (13). Este fraude se ha cometido constantemente no solo en Hiroshima, sino también en las Islas Marshall afectadas por la lluvia radiactiva, en Chernobyl, en los escapes de centrales nucleares en normal funcionamiento en los accidentes nucleares.

4. El total de la dosis supuestamente recibida fue una especulación y se reveló años más tarde inexacto.

La dosimetría era completamente falsa como se vio a comienzos de los años ’80 (8-9-16-17). Las nuevas evaluaciones indican que las dosis fueron sobreestimadas inicialmente. Ahora es evidente que el exceso de cánceres detectados han sido producidos por dosis de radiación más débiles (9). Esto implica por ejemplo que, con las nuevas estimaciones de las dosis, el riesgo de leucemia es 70% mayor que el precedentemente estimado (16).

Incluso el mismo ex director del ICRP ha reconocido que “las estimaciones de la dosis total eran demasiado elevadas y de ese modo el riesgo de cáncer fue subestimado” (18).

Según un documento que me fue entregado por los científicos japoneses Khasuma Yagasaki y Nobuo Karachi en la conferencia de Hamburgo el 16-19 de octubre 2003, la mayoría del material radiactivo no se fisionó; por ejemplo, de los 8 Kgs. de plutonio que contenía la bomba de Nagasaki solo lo hicieron 0.8 Kgs. (10)

Se estudió solo la mortalidad por cáncer. No se estudió el aumento del cáncer. Pero incluso si tenemos solo en cuenta el aumento de riesgo de cáncer mortal las conclusiones del estudio son equivocadas.

El profesor de epidemiología de la Universidad de Pittsburg Edward P. Radford, en una investigación a partir de los propios datos de los supervivientes, sobre el estudio de la incidencia de cáncer, demuestra que es 8 veces mayor que el admitido oficialmente hasta 1986. Constata que algunos tumores benignos también estaban relacionados con la irradiación (por ejemplo los fibromas uterinos, los pólipos gástricos, las enfermedades no malignas del tiroides y que los análisis de causas de muerte los omiten ya que no se consideran causas primarias de muerte (21).

Otro hecho que destaca en su estudio es la diferente susceptibilidad de los individuos a los efectos de la radiación: Los niños que tenían menos de 10 años en el momento del bombardeo presentaban un riesgo relativo de tener cáncer 8 veces mayor y 4 veces para la leucemia, por su parte las mujeres tenían el doble de riesgo relativo de padecer cáncer (exceptuando la leucemia) que los hombres (9).

Además las estadísticas sobre las causas de muerte en las que se basó el estudio LSS subestiman la presencia de ciertos cánceres como los de pulmón, vías urinarias, hígado, sistema biliar, páncreas, próstata (20) y es sabido que precisamente los cánceres de pulmón y de las vías urinarias se encuentran entre los cánceres más radiosensibles junto con los cánceres de tiroides, de mama, la leucemia, y el mieloma múltiple (9).

El análisis independiente de Gofman de los datos del LSS, los hallazgos de Stewart relativos a la homogeneidad de las poblaciones de estudio del LSS, y el trabajo de Padmanabhan sobre la elección del grupo de control sugieren que los factores de riesgo para el cáncer que se dieron para el estudio LSS pueden tener errores tan grandes como de un factor 20 (5).


Jóvenes soldados siendo tratados en un hogar provisional.

Basándose en nuevos datos de los supervivientes japoneses, Tatabe ha encontrado que los efectos siguen persistiendo. Los decesos por cáncer, exceptuada la leucemia, siguen aumentando cada año (16-22-23-24). Los excesos de muertes por cáncer y leucemia en Hiroshima y Nagasaki muestran que los factores de riesgo son 6 veces mayores que los propuestos por la agencia oficial de protección radiológica (25).

5. El estudio excluyó las enfermedades distintas del cáncer.

El deterioro total de la salud se ignoró. Sin embargo los efectos no cancerígenos de la radiación se han observado en poblaciones que habitan Hiroshima y Nagasaki. No hay porque sorprenderse ya que una de las dianas de la contaminación radiactiva es la médula ósea que fabrica las células sanguíneas y en consecuencia una alteración (entre otras) del sistema inmune. Así muchos japoneses murieron de infecciones antes de desarrollar cánceres y sus muertes no fueron atribuidas a la contaminación.

En un estudio japonés de Furitsu publicado en 1994 se examinaron las tasas de morbilidad (expresadas en porcentaje) de enfermedades no cancerígenas para 1.232 víctimas de la Bomba-A en el Hannan Chuo Hospital, Osaka, entre los años 1985 y 1990, comparándolas con la población japonesa

Furitsu reconoce que los efectos somáticos no cancerígenos en estas poblaciones son muy similares a los hallados en los territorios afectados por Chernobyl. Este estudio no ha sido considerado ni citado por los organismos oficiales de control como el ICRP ni tampoco los numerosos estudios con conclusiones similares respecto a otros casos de contaminación.

Por ejemplo, Malko en 1997 presentó una lista muy parecida de las alteraciones que se observaron en las poblaciones expuestas tras Chernobyl (5).

Es más, algunos científicos han sido encarcelados por realizar estos trabajos y demostrar que la contaminación radiactiva produce otras alteraciones aparte del cáncer. Es el caso de la Dra. Ammash, que presentó en el año 2000 observaciones similares para las poblaciones expuestas a partículas de Uranio Empobrecido en Irak (5). Recordemos que la Dra. Ammash sigue encarcelada en Irak junto con otros científicos que trabajaron en este tema.

Como hemos informado en precedentes boletines, otro encarcelado por sus investigaciones en este sentido es el Dr. Bandazhevsky, director de la facultad de medicina de Gomel, que demostró asociaciones significativas entre la contaminación de cesio-137 en niños, usando mediciones de cuerpo entero, y arritmias, en las regiones contaminadas de Bielorrusia cerca de Gomel (12).

5. No se incluyeron efectos sutiles, como por ejemplo los efectos sobre el cociente de sexos en las tasas de nacimiento.

Padmanabhan ha mostrado que hubo múltiples efectos a raíz de Hiroshima, pero que estos se manifestaban como un cambio en el cociente de sexos en el grupo de estudio y fueron descartados por el equipo de los EEUU por no encontrarles explicación (5).

6. No distinguieron entre los efectos de una sola exposición intensa aguda y externa con los de una exposición baja, crónica e interna.

Extrapolaron el efecto de altas dosis de radiactividad a bajas dosis sin tener en cuenta que las células mueren a altas dosis y mutan a bajas dosis.

Extrapolaron las exposiciones agudas a las exposiciones crónicas ignorando que hay variaciones en la sensibilidad de la célula tras exposiciones anteriores repetidas.

Extrapolaron el efecto de dosis externas de radiación a dosis internas. La contaminación externa da dosis homogéneas mientras que la interna puede dar altas dosis a células cercanas a la fuente.

Los habitantes de Hiroshima y Nagasaki recibieron fundamentalmente radiación externa ya que las bombas estallaron a unos 500 m. del suelo y gran parte de las partículas ascendieron a la atmósfera, aunque parte de ellas volvieron a tierra arrastradas por la lluvia que según los habitantes era negra.

Sin embargo, todos los estudios de los supervivientes de Hiroshima dirigidos por los EEUU negaron persistentemente que hubiera cualquier componente interno a las exposiciones recibidas por el grupo estudiado. Pero medidas efectuadas desde entonces han mostrado presencia de Plutonio en terrenos cerca de Hiroshima y recientemente se han identificado isótopos provenientes de la lluvia radiactiva causada por las bombas de Hiroshima en núcleos de hielo en el Ártico (5). Estos resultados podrían explicar el enigmático incremento de la leucemia en el grupo de control relativo a todo Japón del que se informó en los primeros estudios (5).

No distinguir si la contaminación es externa o interna es una de las estrategias clásicas para exculpar a la radiactividad de sus efectos.

Los investigadores supusieron una relación lineal de los efectos, lo que es claramente falso.

El primer modelo que se derivó del estudio era un modelo con un umbral por debajo del cual no había efecto. Dicho en forma sencilla. El modelo suponía por ejemplo que:

- Si 1.000 supervivientes estaban enfermos después de una dosis hipotética de 100 (es solo un ejemplo).

- 500 estarán enfermos a una dosis 50.

- 1 sólo, a una dosis 0,5.

Por lo tanto, a una exposición menor: ¡¡¡nadie estaba enfermo!!!

Desde hace años se sabe que es erróneo este modelo chapucero. Oficialmente no ha habido más remedio que admitirlo y se ha optado por un modelo lineal sin umbral. Es decir que no hay dosis por debajo de la cual no haya efecto, aunque el efecto de las bajas dosis sigue minimizándose (13).

Pero la realidad es mucho peor ya que el propio modelo lineal también es erróneo. Los efectos de la contaminación radiactiva siguen un modelo supralineal* (5). Es decir, que tampoco es cierto que a menor dosis menor efecto. Las bajas dosis tienen mayor efecto que las dosis medias. Como reconoció ya en 1986 el propio ex director del la muy oficial ICRP, Comisión Internacional de Protección Radiológica, Karl Morgan: “Hay más cánceres producidos por rem a bajas dosis que a dosis fuertes” (18)

7. Y lo más grave: se minimizaron el daño genético y los efectos transgeneracionales.

Hermanos.El estudio inicial fue llevado a cabo por físicos sin ninguna formación en biología. Además la biología no conocía en la época el ADN que es una de las dianas de la contaminación radiactiva.

El daño genético no se consideró. Se consideraron solamente las anormalidades extremas.

Los efectos genéticos del LSS de Hiroshima y los estudios de los efectos de la radiación sobre ratones sirvieron de base para el modelo del ICRP de mutación genética tras irradiación.

Muy recientemente los tests de ADN minisatélite** han sido aplicados a los niños de los liquidadores de Chernobyl que nacieron tras el accidente comparándolos con hermanos nacidos antes del accidente [Weinberg y col. 2001]. Se encontró un incremento de siete veces del daño genético en los niños post-exposición. Este hallazgo define un error de un factor entre 700 y 2000 en el modelo del ICRP para el daño genético heredable.

En investigaciones recientes sobre el daño genético a los descendientes de aquellos que fueron expuestos en Hiroshima, se ha aplicado un test minisatélite del ADN**. Este estudio de niños de aquellos expuestos a radiación externa en Hiroshima no mostró alteraciones o solo alteraciones muy pequeñas. Esto fue presentado como una oposición a los hallazgos de daño minisatélite en el ADN en los niños de Chernobyl. Pero en realidad sugiere una diferencia fundamental en los mecanismos de estas exposiciones [Satoh & Kodaira, 1996]. La contaminación en Hiroshima fue debida a radiaciones externas fundamentalmente, a diferencia de la exposición interna en los liquidadores de Chernobyl y de las víctimas de las municiones de uranio que también presentan tasas elevadas de daño genético.

El factor de riesgo actualmente utilizado para efectos heredables genéticos está basado en el estudio LSS de Hiroshima, que es insuficiente para evaluar las consecuencias de una exposición interna como demuestran los hechos.

Recordemos que los efectos genéticos han sido siempre especialmente ocultados. Por ejemplo, los datos disponibles sobre la primera generación de los 280.000 trabajadores de la industria nuclear fueron ocultados por el gobierno estadounidense (DOE) al Profesor Mancuso que estaba estudiándolos (5).

Es comprensible que se oculte el daño del ADN, pues supone el deterioro del patrimonio genético de la humanidad y nadie en su sano juicio va a admitir que siga aumentando.

8. El estudio pretende ignorar que los efectos de la contaminación persistirían para siempre.

Pretende ignorar que la vida media de los elementos radiactivos liberados por las bombas atómicas es algo bien conocido (14):

Hiroshima : Uranio, U235 -> 710 millones de años.
Nagasaki : Plutonio, Pu239 -> 240.000 años.

¿Os parece mucho? Pues no lo es. Recordemos además que la vida media es solo el tiempo en que estos elementos tardan en perder la mitad de su radiactividad y que no basta multiplicar esta cifra por 2 para obtener el periodo que tardan en perder toda la radiactividad.

Así por ejemplo el plutonio tiene una vida media de solo 240.000 años pero dentro de 480.000 años seguirá conservando una millonésima parte de su radiactividad (15). En fin, que podemos tranquilamente afirmar que esa contaminación es para siempre.

El estudio de Hiroshima es impresentable científicamente y fracasa en explicar o predecir las consecuencias de la exposición a la contaminación radiactiva.

El sistema internacional de radioprotección deliberadamente se funda en datos falsos que comenzaron a elaborarse en los estudios sobre los supervivientes de las bombas atómicas y de las pruebas nucleares. Los datos de estos informes han permanecido secretos y solo se han dado sus conclusiones —e.g. cuando se levantó el secreto sobre los cálculos de las dosis en el informe sobre las pruebas de Nevada, el responsable John Aubier del laboratorio nuclear de Oak Ridge confesó que no podía dar precisiones sobre las hipótesis utilizadas ya que los informes se habían “perdido” (26).

Pero a pesar de ello estos estudios han servido de base para las autoridades internacionales encargadas de fijar las normas de radioprotección que carecen de fundamento científico.

Tras Hiroshima, a medida que crecían las pruebas de armas nucleares, hubo un rápido incremento de las leucemias y de los tumores cerebrales infantiles (los principales tipos de cáncer infantil) en todo el mundo. En los años ’50 las evidencias se acumularon y muchos empezaron a preguntar si éstos estarían causados por la lluvia radiactiva.

En el Reino Unido, se le pidió al Consejo de Investigaciones Científicas que estudiase la hipótesis. Pero epidemiólogos prestigiosos como Sir Richard Doll (11), se apresuraron a argumentar que los hallazgos de Hiroshima descartaban las evidencias de que la contaminación radiactiva estuviese haciendo aumentar los cánceres y leucemias en base a que las dosis eran demasiado bajas, y su opinión predominó. Un ejemplo de cómo los estudios fraudulentos de Hiroshima sirvieron en el futuro para que los especialistas como Doll exculpasen a la contaminación radiactiva de estar enfermando a la población y asesinando niños en nombre de la ciencia. Por cierto, que Doll hizo lo mismo en el caso del agente naranja y del nemacur, el pesticida responsable del síndrome tóxico del que fue acusado el aceite de colza. Así que ya veis que se trata de un auténtico “especialista” al que sin duda la industria nuclear, Monsanto, Down y Bayer le estarán muy agradecidas por proporcionarles las coartadas para ocultar sus crímenes en nombre de la “ciencia”.

El principal reducto de los expertos responsables de este fraude “científico” es el ICRP Comisión Internacional de Protección Radiológica (International Commission on Radiological Protection).

La Comisión Internacional de protección radiológica es considerada como la autoridad mundial en el tema y sus “recomendaciones” son como la palabra de Dios. Estrechamente ligada a la AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica), al lobby militar-industrial, la ICRP es descaradamente pro nuclear aunque se presenta como una organización científica independiente y sin fines lucrativos. Su función es en realidad justificar y encubrir los efectos de la contaminación radiactiva con argumentos “científicos” que son reproducidos por las autoridades sanitarias internacionales especialmente la OMS y los Ministerios de Sanidad de todos los países. Sus expertos se autoeligen endogámicamente (algunos de los 13 miembros de la comisión principal han pasado más de 20 años en el cargo) fuera de cualquier control democrático de cualquier país. No obstante, son sus “recomendaciones” las que deciden discretamente las políticas sanitarias en materia de radiactividad que llevan afectando a toda la humanidad desde hace decenios. Por eso también la llamamos conservando respetuosamente sus siglas ICRP: Incestuous Cabal for Radioactive Pollution.

El propio Karl Morgan, uno de los pioneros de la física médica que fue presidente de la comisión principal del ICRP, ha criticado las omisiones científicas y el funcionamiento no solo de su comisión sino también de otras prestigiosas instituciones científicas nucleares.

“La ICRP, UNSCEAR, el comité BEIR y otros grupos son muy rápidos en desvalorizar o criticar los estudios que no concuerdan con los suyos… pero han esperado años antes de reconocer, porque fueron obligados a hacerlo, los fallos más evidentes y más graves en su referencia absoluta, inspirada e irrefutable, en el estudio de los supervivientes de Hiroshima y de Nagasaki. Han inventado toda clase de explicaciones sobre las razones por las cuales los precedentes estudios no son ni fiables ni admisibles… pero no llegan a reconocer las insuficiencias del estudio japonés.” (18).

Morgan ha esperado a jubilarse aunque seguía siendo miembro emeritus del comité en los años ’70, para hacer una crítica de estas instituciones. El mismo sugiere el porqué:

“Muchos de mis colaboradores perdieron su empleo porque se negaron ceder ante las presiones para disminuir los criterios de seguridad o porque se negaron a aceptar compromisos que conducían a condiciones de trabajo poco seguras.” (26)

Estos fraudes científicos han sido denunciados desde hace años por numerosos científicos entre los que destacaré a Alice Stewart, pionera de los estudios de Oxford sobre las bajas dosis de radiactividad en los que descubrió que bajas dosis de rayos-X obstétricos causaban incrementos de leucemia en los niños tras su nacimiento, y que luego realizó un importante estudio sobre los trabajadores de la industria nuclear en EEUU. En una carta dirigida a los miembros de la Comisión Internacional de protección radiológica resumió y precisó algunas críticas al estudio de los supervivientes. (17)

En 1998, Alice Stewart, a sus 91 años, reevaluó de nuevo en profundidad las encuestas sobre los supervivientes de 1945 mostrando de forma irrefutable los numerosos errores presentados en estos estudios que sirvieron de base para el establecimiento de las normas actuales y el fraude de la inocuidad de las bajas dosis (6).

En 2003 se publicó el informe del ECRR en el que más de 40 científicos cuestionan la validez de los modelos y de las normas oficiales (5).

La ciencia de la radio-protección ha alcanzado un elevado grado de sofisticación en su labor de proteger a los promotores de la industria nuclear antes que a la gente.

Actualmente esta pseudociencia constituye uno de los más graves peligros para la salud pública de todos los habitantes del planeta. Con su inestimable colaboración, el complejo militar-industrial sigue contaminándonos a todos legalmente desde hace 60 años. Con la colaboración de la OMS y los medios de comunicación científicos y de masas, sigue ocultándonos las principales causas del aumento de las enfermedades de la civilización y del deterioro irreversible de nuestra herencia. Además en los últimos 15 años ha contribuido eficazmente a hacer aceptable el desarrollo de 4 guerras radiactivas que han expandido más átomos radiactivos que miles de bombas de Hiroshima y Nagasaki (29).

Hay que agradecerles también el haber hecho admisible un mundo en el que hay más de 30.000 armas nucleares (conocidas) que siguen amenazándonos (30), desde los países que forman el club terrorista nuclear internacional conocido como Consejo de Seguridad de la ONU.